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Los seis grandes problemas de la Bienal de La Habana:

Updated: Feb 20, 2019


Píter Ortega |


1. El equipo de curadores es siempre el mismo (los especialistas del Centro Wifredo Lam), mientras en otras bienales estos mutan, y se incluyen curadores invitados. Dicha situación hace que se repitan –edición tras edición– puntos de vista, orientaciones estéticas y conceptuales, vicios, clichés, etc. Y esto ocurre no porque los nuestros sean malos curadores, para nada, sino porque los mismos cerebros pensando el modelo bienal cita tras cita, obviamente es algo que ha de traer consigo redundancias. Claro, el tema es complejo. Preguntarse por qué en nuestra bienal los comisarios organizadores no han variado desde hace muchos años, equivaldría a cuestionarse por qué el país se ha mantenido detenido en el tiempo por más de 5 décadas. Y la respuesta es espinosa, ya sabemos. El inmovilismo parece ser nuestro fatum, el destino insular, en todas las esferas.

 

2. Su retraso siempre es tal, que más que una “bienal”, se ha convertido en una auténtica “trienal”. Sus organizadores deberían pensar en cambiarle el nombre.

 

3. Los artistas que participan casi nunca son los más representativos o de vanguardia en el contexto de los países del Sur, sino más bien autores “epigonales” o de “segunda”.


4. Las carencias financieras y logísticas para la transportación de las obras o su producción in situ (en la Isla, quiero decir) hacen que muchas veces determinadas ideas originales y creativas de los artistas queden convertidas en mediocres experimentos con materiales baratos y fácil realización, diferentes por completo de la iniciativa primera. Todo ello en aras de superar los “obstáculos” económicos.

 

5. Las muestras “colaterales” y las realizadas por los artistas en sus propias casas o estudios (al margen de cualquier programa) suelen resultar mucho más interesantes que el “cuerpo central” de la bienal, cada vez más deficiente. Lo cual debería ser a la inversa, como es lógico. Aunque bueno, los “rechazados” generalmente se esfuerzan más por lucir y destacar, tiene sentido. La pregunta es por qué muchos “rechazados” con un talento descomunal no son invitados. Claro, esto acaba convirtiéndose en una virtud para ellos, en un elemento a su favor. Ser relegado por el “canon” oficial es algo que seduce sobremanera a los ojos de los coleccionistas que llegan a la Isla a propósito del macro-evento. Me consta que muchos de los que piensan asistir a la oncena jornada ya no pretenden ni siquiera asomarse a las exposiciones previstas por el comité organizador; me han comentado que solo les interesa ir a los estudios de los artistas, y que, por lo demás, están cansados de “más de lo mismo”. Fenómeno curioso, para estudiar con detenimiento.

 

6. Los temas escogidos como pretextos o pies forzados para la creación terminan siendo siempre muy ingenuos, trasnochados, elementales. Trillados. Por lo general, las obras mejores son las que acaban ignorando olímpicamente ese lastre temático. Las que tratan de ajustársele casi nunca han corrido con mucha suerte, más bien han resultado forzadas, como “cogidas por los pelos” en su posible vínculo con el slogan. Muchos se preguntan hoy día si es necesario que la bienal tenga un tema, o si es esta otra manía de sus núcleos de poder.

 

Reparemos, por ejemplo, en el eje temático de la próxima cita, a celebrarse entre mayo y junio de 2012: “Prácticas artísticas e imaginarios sociales”. Hasta ahí, ningún problema, en apariencia. Pero cuando se lee la nota de prensa o comunicado emitido por el comité organizador, se descubre algo desconcertante: “Es imprescindible escuchar el ruido de la calle: se pretende salir de los sitios sacralizados en busca del transeúnte…”. A estas alturas del campeonato eso de abandonar los “sitios sacralizados” en busca de la calle y la gente, resulta cuando menos risible. ¿A qué sitios “sacralizados” se refieren? Porque los espacios galerísticos hace ya casi un siglo que han sido desacralizados. Vamos, desde los dadaístas. Me imagino las carcajadas de Christo Javacheff al escuchar eso de llevar el arte a los “transeúntes”. ¿Hasta cuándo con lo mismo, con ese discurso “envejecido”? Más adelante se lee: “También las advertencias científicas sobre la fragilidad del ecosistema han tenido que ser retomadas socialmente. El poder hegemónico fomenta su interés bélico y consumista, y asienta la relación con la naturaleza como un recurso utilitario, sin preservar las condiciones mínimas del entorno vital. Esta plataforma resulta inédita para la proyección de la esfera pública en el mundo contemporáneo”. ¡Por Dios, eso parece un texto de la Mesa Redonda, y no una plataforma conceptual para una bienal de arte contemporáneo! La “fragilidad del ecosistema”, el “poder hegemónico” “bélico” y “consumista”… ¿Qué cosa es eso?, ¿un texto del Granma? No podían haber buscado un tópico más simple y manido, honestamente. Se les fue la musa ¿Y todavía me dicen que esa “plataforma” es “INÉDITA”? Na´, a otro con ese cuento… ja ja.

 

Se mencionan con énfasis en la nota las palabras “experimentación” y “renovación” como un interés manifiesto (ej: “Nuestro país completará la nómina del evento con una fuerte presencia de artistas cubanos, con propuestas también renovadoras y experimentales”). Me temo que hoy día ya todo está inventado. Eso de “renovar” es algo dudoso. En lugar de potenciar la “experimentación” se debería cuidar un poco más la calidad.


Y para rematar, añade el citado documento: “Esta bienal se hará presente en nuestras plazas, parques y espacios citadinos, además de sitios nuevos, que se han sumado a este empeño de llevar el arte al alcance de todos”. ¡Y que viva el populismo!, agregaría yo. Así que “llevar el arte al alcance de todos”. ¡Qué utopía! El arte jamás será para “todos”, ni estará al alcance de “todos”. El arte es (y lo será siempre) un fenómeno de élites, de minorías. El resto es puro consignismo.


Eso por no hablar de otros temas, como aquel de “Integración y resistencia en la era global”. ¡Solavaya!


Se siente como un cansancio, un vacío, un poner el tema por ponerlo, porque nos toca… 

 

(La oncena edición se libró del que hubiera sido mi problema “7”, al zafarse del empobrecedor y lacerante Morro-Cabaña. ¡Por fin! No tengo el dato de si fue una iniciativa del comité organizador, o si la Cabaña no quiso ser más la anfitriona. Más bien intuyo que fue lo segundo. Pero da igual, el caso es que ya no estarán allí, lo cual será muy saludable).


PD: Claro que no todo es malo, hay también ciertas virtudes (por ejemplo, en la venidera cita la fuerte presencia que tendrán los jóvenes, eso está muy bien). Sin embargo, para estas notas he querido reparar en las deficiencias, más que en los méritos. Quizás porque habitualmente se insiste en las probidades, dejando a un lado las zonas “turbias”. Y me gusta ir a contracorriente, no puedo evitarlo.  

    

Píter Ortega

París, marzo de 2012

En las Tuileries(A menos de dos meses de la Oncena Bienal de La Habana)

Ilustración: Tai Ma Campos

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